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Una Europa joven

, de Aida Dos Santos

Tenemos en nuestras manos el futuro de la unión, eso no es ningún secreto, tanto por activa como por pasiva llegará un momento en que ya no puedan considerarnos el futuro y protagonicemos la esfera política. Pero todavía tenemos mucho camino por delante, el tiempo corre en nuestra contra, y debemos aprovecharlo al máximo para formarnos en vistas al protagonismo que adquiriremos.

Autores

  • Politóloga por la Universidad Complutense de Madrid promoción 2010-2014. Premio del Centro de Excelencia Jean Monnet - Antonio Truyol en 2011 y en 2014. Actualmente alumna del Centro de Estudios Financieros donde preparo mi ingreso al cuerpo de Interventores-Tesoreros de la Administración Local.

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Somos receptores de políticas públicas europeas, desde el InterRail hasta el Espacio Europeo de Educación Superior. Debemos ser conscientes de que somos el centro de muchas de las políticas que se forman desde Bruselas. Somos unos auténticos privilegiados en Europa. No sabemos lo que es sufrir una Europa hostil, el camino ya ha sido prácticamente allanado. Somos los que recibimos el legado, contamos con una formación en materia europea muy por encima de la que recibieron nuestros padres. Por ello, somos los que mejor conocemos como movernos y disfrutar de nuestra condición de ciudadanos.

No hemos conocido otro pasaporte más que el europeo, no sabemos que no es formar parte de la Unión. Los jóvenes sobre todo los más jóvenes, apenas recordamos que es parar en la frontera, cambiar la moneda, etc. Del mismo modo que tenemos la posibilidad de disfrutar de programas como los Erasmus, Sócrates, Leonardo, etc., y viajar con múltiples becas por Europa. Somos en definitiva la generación más europeísta y europeizada.

Así, coincide con la opinión de muchos, y por supuesto la mía, de que los jóvenes tenemos la empresa de luchar por la construcción de una Unión Europea que nos reconozca y nos posibilite como ciudadanos sustantivos. En nuestras manos está el desarrollo de una cultura europea, debemos argumentar una ciudadanía política participativa. Lo haremos como se ha hechos siempre, a través de la promoción de la información y del asociacionismo, con organizaciones más participativas y menos endogámicas.

Así es como los jóvenes debemos cobrar el protagonismo y saltar al escenario político, plantear nuestras inquietudes, porque se debe dejar atrás de una vez el paternalismo y el “no cuentas con la experiencia necesaria”, porque si nos falla la experiencia contamos con las ganas, con la vitalidad, y con la formación necesaria para conocer la Unión Europea.

Para la presidencia española de la Unión europea, se organizó a través de las redes sociales un “concurso” para definir la ciudadanía europea, así como jornadas de lectura de la Carta de los Derechos Fundamentales de la UE. Algo que debemos capitalizar los jóvenes es la lucha contra los elitismos, y esto, como ya hemos apuntado es necesario sobre todo en esos momentos en los que se observa un distanciamiento de la unión de sus ciudadanos al estar vistas las instituciones como un estructura jerarquizada y fundamentada en un carácter de privilegios.

Destacamos en este punto el Libro Blanco de la Juventud, con el subtítulo de “un nuevo impulso para la juventud europea”, es representado como el primer paso para el reencuentro de los jóvenes y la Unión. En definitiva, los jóvenes nos encargaremos de heredar y promulgar los deseos de una federación europea, de una convivencia de los estados europeos que se expresó de la mano de Monnet.

Una de las experiencias más recomendables para los jóvenes es el InterRail, y puede ser merecida después de enfrentarse al Espacio Europeo de Educación Superior. Que tras años de implantación te subes al InterRail y ves que de homologación de contenido académico poco.

El denominado Plan Bolonia se ha demonizado, en mi opinión de forma exagerado, es un proceso costoso, para el que las arcas públicas no tienen presupuesto, las clases de grupos reducidos suponen mayor contratación de profesores, algo que no se ha producido, y nos encontramos los estudiantes de grado con noventa compañeros de clase, y los profesores se encuentra a su vez, con que deben promulgar un sistema de ejercicios prácticos que son incapaces de corregir.

Los españoles le vamos a sacar partido al InterRail y a nuestro título de grado del EEES porqué según el Eurobarómetro de 2014 somos los más pesimistas con la economía nacional, un 58% planea irse y aprovechar Schengen y su pasaporte europeo.

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