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¿Independencia Sí?¿Independencia No? Todos somos Escocia

, de FM Arouet, Traducido por Juan Joaquín Hernandez Rader

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Escocia nunca ha estado tan cerca de abandonar el Reino Unido. Este crucial debate es un asunto relevante para todos los europeos porque está en juego es la esencia de la unidad de Europa: somos mejores y más fuertes juntos.

Palabras clave

El ocho de septiembre, por primera vez en la campaña del referéndum escocés, una encuesta otorgó una ligera ventaja al voto del Sí (47% Sí, 45 % No, 8% indecisos). Este hecho contrastaba con los 22 puntos de ventaja que tenía el No hace apenas dos meses, los cuales cayeron a una superioridad de 6 puntos la semana pasada, antes de que el Sí tomara finalmente la delantera. Si bien varios analistas advirtieron de que esta era solo una encuesta, y otros sondeos indican que la carrera está muy reñida, la tendencia actual es claramente favorable al Sí.

Desde el inicio de la campaña del Referéndum, las campañas del “Sí Escocia” y “Mejor Juntos” han estado debatiendo amargamente los pros y los contras de una unión que suma ya 307 años de historia. En este debate, varias figuras públicas (incluyendo a la Reina Isabel II) en el Reino Unido y en otros lugares de Europa han adoptado una posición “neutral”, argumentando que este era un asunto que debía ser decidido puramente por los escoceses, y por tanto, implicando que esta discusión, de unidad política frente a desintegración, solo importaba a los escoceses. Esto es fundamentalmente erróneo: el debate escocés podría haberse celebrado exactamente en los mismos términos en Cataluña, el País Vasco, Flandes y cualquier otra parte de Europa con aspiraciones regionalistas. Este debate es particularmente engorroso dado que incluye, por un lado, aspiraciones legítimas de una mayor descentralización y autonomía (promovidas por la Unión Europea a través del principio de subsidiariedad), y por otro, reclamaciones impulsadas por el odio y el nacionalismo más desagradable.

Distinguiendo aspiraciones legítimas de nacionalismo

Algunas aspiraciones regionalistas son perfectamente legítimas y están a menudo justificadas por la necesidad de una democracia local, de forma que la gente sienta que puede tener un impacto directo en su vida cotidiana, lo cual les hace sentirse autorizados y responsables, o simplemente eficientes: si las cosas se hacen mejor a nivel local , ¿por qué tienen que llevarlas hasta la esfera nacional? Sin embargo, tales argumentos suelen ser utilizados por nacionalistas o “regionalistas” con objetivos muy distintos: obtener la independencia total de una entidad más amplia a la que pertenecen pero que odian. Esta instrumentalización de argumentos legítimos por parte de nacionalistas tiene lugar en todos los rincones de Europa y podría, si se la acepta a ciegas, conducir meramente a la desintegración de nuestro continente y del proyecto europeo.

La clave para distinguir estas dos ambiciones en apariencia similares pero en el fondo muy diferentes reside en la “exclusividad” del sentido de pertenencia de las personas. Las identidades son múltiples, sobre todo en Europa donde dos mil años de historia han producido patrones culturales y socio-económicos únicos y muy peculiares. Esta diversidad puede ser abordada de dos maneras diferentes: uno puede bien sentirse exclusivamente arraigado en una identidad específica (una ciudad, una región, un país, etcétera), o aceptar que las identidades pueden ser acumulativas y gratuitas. El proyecto europeo está obviamente construido sobre la segunda interpretación: “mi región, mi país y Europa” constituye la trinidad total de identidad en nuestro viejo continente. Cualquier discurso político que llame a la exclusividad de uno de estos tres pilares (incluyendo aquellos que piden una identidad “exclusivamente europea” anulando regiones y países) está fundamentalmente equivocado y raya en el lado del totalitarismo – dado que buscan imponer una identidad única y exclusiva a una población inherentemente diversa. El referéndum escocés es claramente parte de este tipo de iniciativa y por lo tanto no debería ser interpretado como un reclamo amable por una mayor autonomía.

La ilusión de una independencia absoluta

Una de las más importantes cuestiones en la campaña giraba en torno al hecho de si el Reino Unido aceptaría o no compartir la Libra Esterlina con una nueva Escocia independiente. Cualquier solución realista involucraría alguna forma de unión monetaria (sea con el Reino Unido o con la Eurozona): en tal escenario, ¿cómo pueden los nacionalistas siquiera empezar a creer que pueden alcanzar un mejor acuerdo que el que tienen actualmente por medio de la independencia? Solo se pregunte a los griegos, irlandeses, portugueses, chipriotas y españoles cuánto se siente la “independencia” dentro de una unión monetaria. La crisis del Euro ha demostrado cuán insostenible resulta una unión monetaria sin una unión política…¡que es exactamente lo que los escoceses y el Reino Unido tienen ahora! Como ha señalado recientemente Mark Carney (Gobernador del Banco de Inglaterra), “una unión monetaria es incompatible con la soberanía”. Una Escocia independiente que use la Libra Esterlina perdería – no ganaría – autonomía respecto a Londres. En un mundo globalizado, la única manera de preservar la soberanía es compartirla, y la situación vigente de Escocia es mejor que cualquier trato que pudiera conseguir mediante la independencia.

¿Pro-Europa? ¿Realmente?

Uno de los razonamientos de Alex Salmond (líder de la campaña independentista) es el siguiente: queremos salir del Reino Unido porque queremos estar en la Unión Europea, comunidad política que el Reino Unido abandonaría en 2017. Esta explosión de eurofilia parecía bastante extraña viniendo de un nacionalista. En efecto, si los nacionalistas dicen que son tan “diferentes culturalmente” del resto del Reino Unido que necesitan independencia, entonces ¿cómo diablos piensan manejar la diversidad con los franceses, españoles, italianos, polacos, estonios, griegos y todas las demás naciones europeas dentro de la Unión Europea? Europa es unidad y diversidad, en todo nivel: uno no puede aplicar este lema a nivel europeo pero ignorarlo a nivel nacional. El Primer Ministro Británico, David Cameron, está también encontrándose a sí mismo en la incómoda posición de estar en los dos lados del debate al mismo tiempo: promoviendo todos los beneficios de la Unidad en la Diversidad, un mercado único y cooperación política en la esfera británica, y a la vez, defendiendo justo lo contrario en el plano europeo.Además, una secesión escocesa del Reino Unido podría bien producir “efectos mariposa” como la desintegración europea: un Reino Unido reducido estaría más dominado por el partido Conservador, y en consecuencia, sería más proclive a abandonar la Unión Europea, otras regiones (empezando por Cataluña) incrementarían la presión en pos de la independencia, mientras que todos los demás movimientos nacionalistas (a nivel regional o nacional) procurarían captar la ola de la desintegración. Y todos sabemos donde puede terminar Europa si está desintegrada.

Por consiguiente, queridos amigos escoceses, el 18 de septiembre de 2014, digan No al Nacionalismo, y Sí a la Unidad: ¡siempre somos mejores y más fuertes juntos!

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