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El deshielo persa

, de Álvaro Ibáñez Fagoaga

El fin de las sanciones frente al Régimen de los Ayatolás se ha convertido en uno de los acontecimientos políticos del 2016. Sin duda alguna, este hecho marcará la agenda internacional de prácticamente todas las potencias occidentales implicadas en la imposición de sanciones, así como de todas aquellas interesadas en solucionar la cuestión del yihadismo del ISIS, la inestabilidad iraquí y la guerra civil siria.

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  • Redactor de El Nuevo Federalista. Estudiante de Historia y Periodismo en la Universidad de Navarra, especialidad en conflictos y relaciones internacionales.

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El coloso iraní

En estos últimos tiempos, la idea de que una nueva superpotencia se yergue en Oriente Medio va cobrando fuerza. Y los datos refutan sin duda esta hipótesis. Con una extensión cercana a los 2 millones de kilómetros cuadrados, Irán triplica el tamaño de Francia, siendo el país más grande de toda Europa Occidental. Además, con casi 80 millones de habitantes, constituye la mayor potencia demográfica de todo el subcontinente, equiparándose con el mayor baluarte poblacional de Europa, Alemania. Eso no es todo. Si analizamos más exhaustivamente la tendencia demográfica, se puede observar que, en un periodo que no llega a los 25 años (1988-2012), la población iraní se ha duplicado, pasando de la inicial cifra de 39 millones de 1988 a los 79 cifrados en 2012. Lo cual se ve más reforzado si cabe debido al empuje socio-económico que puede conllevar el hecho de que más de dos tercios de la población del país no supere la barrera de los 25 años.

Sin embargo, Irán exhibe su verdadero músculo en los recursos naturales. El país es considerado, según un estudio elaborado en 2012 (BP Stadistical Review 2013), como la cuarta potencia mundial en reservas probadas de petróleo. Es más, si esto se combina con el hecho de que el mismo estudio le posiciona también como la primera potencia en reservas probadas de gas natural, automáticamente se convierte en uno de los principales actores mundiales en el campo de los recursos energéticos. Prueba de ello es que, tras el anuncio efectivo del fin de las sanciones, el precio del barril Brent se haya visto reducido en un 25% en previsión del aumento de producción del país persa.

El deshielo

La distensión en las relaciones del mundo occidental con respecto a Irán ha terminado por desembocar en un levantamiento casi total de las sanciones económicas. EE.UU y la UE, sus principales valedores, han terminado por secundar una distensión aprobada también dentro de las propias Naciones Unidas. La noticia ha causado tal impacto, que incluso su Presidente Hasán Rohani las ha calificado como una nueva “página dorada” en la historia del país persa. No en vano, el embargo estaba comenzando a ahogar de una manera preocupante a un país incapaz de hacer intercambios comerciales con gran parte de la esfera económica occidental. La congelación de las cuentas iraníes en el extranjero, cuantificadas en varios miles de millones de dólares, junto con la vertebración del embargo petrolero (principal fuente de de divisas extranjeras del país) impidió el desarrollo de la única nación de corte islámico capaz de competir frente a la otra gran potencia regional, Arabia Saudí. Sin embargo, todo esto parece que ya forma parte del pasado.

El acuerdo final sobre la cuestión nuclear otorga un papel considerable a la OIEA (Organización Internacional para la Energía Atómica), que será la nueva encargada de verificar el compromiso iraní de que bajo ningún concepto utilizará la energía nuclear con fines bélicos. Al margen de esto, una de las escenificaciones finales de la distensión se expresó a través de un intercambio de prisioneros realizado en plenas negociaciones sobre el acuerdo nuclear, mostrándose así las muestras recíprocas de buena fe. Siete iraníes a la espera de juicio fueron puestos en libertad. A cambio, el gobierno de Teherán acepto liberar respectivamente a otros 4 presos, entre los que se encontraba el corresponsal principal del Washington Post en Teherán, Jason Rezaian. Posteriormente, en una declaración conjunta emitida tanto por el Ministro de Exteriores iraní, Mohamad Yavad Zarif, como por su homóloga europea, Federica Mogherini, se afirmó que “con la voluntad política, y a través de la diplomacia multilateral, se podían resolver hasta los asuntos más difíciles”. Entendiéndose todo esto como el broche de oro que cerraría el final de las negociaciones.

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El ministro iraní Javad Zarif junto a Federica Mogherini, en marzo del 2015. //Foto via European Service of External Action.

Confirmado definitivamente el deshielo, dos países europeos han sido los primeros en mover ficha. Italia y Francia han sido los protagonistas de la primera gran gira europea de un mandatario iraní en casi 16 años. Acompañado de una nutrida delegación de más de 100 personas, Hasán Rohani ha traído consigo la representación política y económica necesaria para salir de Europa con varios fructíferos contratos multimillonarios bajo el brazo. Asunto que, también desde Europa, se ha observado con especial atención. No en vano, se espera ampliar los contratos desde los 7.000 millones hasta una cifra que podría superar ampliamente los 40.000 millones de euros.

Controversias frente al deshielo

Sin embargo, no han sido pocas las voces que se han alzado en contra de lo que consideran un peligroso acercamiento hacia a uno de los regímenes más polémicos de nuestro mundo contemporáneo. La Francia de Hollande, por tomar un claro ejemplo, mantiene una extraña relación con el país persa. El apoyo incondicional que el régimen de Teherán ha proporcionado al presidente sirio Bachar Al-Assad chocó frontalmente con la negativa incondicional francesa. A juicio del ejecutivo galo, la transición política en Siria jamás podrá llevarse a cabo en un marco en el que Al-Assad siga postulándose como presidente del país, algo que sigue siendo condición innegociable en Teherán. Con esta postura, Irán legitima un oscuro gobierno que, entre sus múltiples atrocidades ha sido acusado de utilizar armas prohibidas por la Convención de Ginebra como el gas sarín.

Sin embargo, y pese a que las relaciones se han ido enfriando progresivamente, Teherán no olvidará jamás como el padre de su Revolución Islámica, el Ayatolá Jomeini, pudo encontrar cobijo en París tras su exilio forzoso de Irán, por lo que la retórica fue quedando finalmente estancada en una calma tensa. Aún y todo, y con motivo del reciente deshielo, Rohani ha declarado en lo referente a las relaciones franco-persas que ambos países deberían “recuperar el tiempo perdido”.

Por otro lado, la progresiva influencia iraní en las milicias chiíes iraquíes comienza a preocupar a toda la comunidad internacional. Estas poderosas milicias, patrocinadas y supuestamente también financiadas por el gobierno de Teherán, han ido asumiendo roles cada vez más ambiciosos. Incluso han comenzado a operar en las regiones norteñas de Irak, de clara mayoría suní, volviendo a avivar los recuerdos de la violencia sectaria. Y es que no solo se atreven con las zonas sunís. Los mandos kurdos, principales enemigos del ISIS en la zona norte, han sido advertidos sucesivamente con respecto a lo que estas milicias consideran como un “amenazador” avance hacia un sur que en ningún caso están dispuestos a compartir.

Además, muchos de los integrantes de estas milicias ya participaron en el terrorífico conflicto sectario entre suníes y chiíes que desangró Irak de 2005 a 2009, el cual se convirtió técnicamente en una sangrienta guerra civil. Ahora, más de 6 años después, muchas organizaciones pro-derechos humanos alertan de la escasa diferencia entre estas nuevas milicias y aquellas que sembraron el terror a lo largo y ancho del país durante aquellos 6 largos y cruentos años de guerra civil. De hecho, nuevamente están siendo acusadas de un sinfín de graves delitos, ya que, bajo el paraguas de la lucha contra el ISIS, estas milicias están siendo nuevamente acusadas de perpetrar secuestros, asesinatos y saqueos indiscriminados a lo largo de las comunidades suníes que se encuentran a su paso. Y pese a todo, Teherán sigue decidiendo mirar hacia otro lado, cegada por sus propios intereses en su país vecino, los daños colaterales no parecen formar parte de las grandes preocupaciones de su Líder Supremo Al-Jamenei.

Irán, un país diferente

En otro orden de asuntos, y en lo referente a la vertebración política de Irán, el país persa dispone de una estructura de gobierno que combina elementos propiamente democráticos con otros característicos de las más rígidas teocracias islámicas. El congreso y el presidente son elegidos mediante sufragio universal. Sin embargo, Al-Jamenei, el Líder Supremo, representa la verdadera cabeza del escalafón político-religioso del país. Y esta institución no es elegida por sufragio alguno. Bajo su bastón de mando, se encuentra tanto el poder judicial como el de las fuerzas armadas. Sin embargo, no son estas dos instituciones, sino el Consejo de los Guardianes, el verdadero instrumento que el líder supremo utiliza para someter al país a su criterio. Compuesto por 6 teólogos que el Líder supremo procede a elegir directamente, y otros 6 más que se escogen de manera combinada por el parlamento y el poder judicial (regido también por Al-Jamenei), es el único encargado de adecuar los proyectos parlamentarios a la constitución y el derecho islámico. Además, también es la única institución iraní con la potestad de vetar, tanto a meros representantes políticos secundarios, como a aspirantes a presidentes del gobierno. Prueba de ello, es que en 2005 más de 1000 candidatos reformistas fueron vetados por el tradicionalmente conservador Consejo de los Guardianes. Esta estructura híbrida entre la democracia occidental y la teocracia islámica puede ser preferible a la monarquía absoluta saudí, pero en ningún caso está aún en posición de dar lecciones democráticas a ningún otro país.

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Mural en la ciudad de Qom que muestra al Ayatolá Jomeini,líder de la Revolución Islámica en 1979 (izquierda), y a Ali Jamenei, actual Líder Supremo de Irán (derecha). // Fotografía de David Stanley, via flickr.

Sin embargo, y a pesar de las controversias que pueda generar la lógica de gobierno del país persa, los últimos acontecimientos han evidenciado la absoluta necesidad de normalizar las relaciones. Para todos ha quedado claro ya que la colaboración iraní será total y absolutamente necesaria tanto para resolución del conflicto sirio como para la eliminación del EI del norte de Irak. Siria necesita ser reconstruida, e Irak necesita ser pacificada, y para ello la colaboración iraní es indispensable. Se ha de conseguir compaginar como sea posible los intereses saudíes y persas, en conflicto creciente desde hace ya varios años. Este es verdaderamente el tiempo de la diplomacia. La lucha por la hegemonía de Oriente Medio en favor de una potencia suní (Arabia Saudí) o una chií (Irán) está haciendo que Oriente Medio se desangre lentamente. Y es aquí donde los países occidentales deben hacer especial hincapié en la resolución pacífica de los conflictos. Los cuales no terminarán ni mucho menos con la eliminación del ISIS, ya que estos son tan sólo la punta de un enorme iceberg dentro del gigantesco polvorín en el que parece haberse convertido todo Oriente Medio.

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